martes, 20 de mayo de 2014


ENSAYO

















La historia comienza con el aria Questa o quella (ésta o aquella) donde el duque expresa su filosofía de vida; no importa color o procedencia, sólo importa que sea una mujer a la que va a amar. Mientras, el zapatero va a palacio para vengarse del duque que ha deshonrado a su hija. Rigoletto, el bufón, temeroso del poder del duque, se burla del hombre que acaba siendo humillado y expulsado del castillo, pero antes de irse, el zapatero mira a los ojos a Rigoletto y con voz trémula de bajo le dice: “mi maldición es que te pase lo mismo algún día”.




La historia continúa entre risas y juerga general hasta que es día de descanso. Rigoletto se va del palacio en busca del sosiego de la libertad, donde nadie se burle de su deformidad ni le humille. Aparece en un convento, donde visita a la joven y bella Gilda (la voz más célebre de este personaje fue la griega María Calas, aunque es excelente la versión de la neocelandesa Kiri Te Kanawa). Le advierte a su monja tutora que no la deje salir, que terribles peligros le acechan afuera.


Pero los cortesanos, en silencio, habían seguido a Rigoletto y regresan con la novedad al Duque: “Rigoletto” tiene una amante. No sólo eso, es joven y bella. El Duque no lo puede creer y quiere ver a la doncella por sí mismo. Se disfraza de humilde campesino y, sobornando a la monja tutora (otra sutileza del pensamiento verdiano), tiene un encuentro furtivo con Gilda, donde expone todas sus virtudes de amante y conquista el corazón de la joven soñadora con el aria de amor La bella figlia dell’amore. Inmediatamente en palacio, ordena a sus cortesanos que secuestren a Gilda y la lleven allí. Rigoletto intuye el ardid entre los colaboradores del duque y les pide colaborar con ellos, sin sospechar que su Gilda era la presa pretendida esta vez por el villano duque. El coro de hombres en pleno lleva el aria sigilosa mientras le ponen una venda en los ojos a Rigoletto. Éste espera la sorpresa que sólo se produce cuando se quita la venda y ve que lo han dejado solo. Dentro del convento tampoco está Gilda y la desesperación acude a sus sentidos. Retorna a palacio con el ansia de matar a los cortesanos, pero no sólo es débil de carácter, sino que ellos son muchos y tienen el poder de la ley.


Allí Rigoletto les canta su “Perdono, signori, pietà”, en una de las arias más estremecedoras que se hayan escrito. A Rigoletto no le importa humillarse una vez más con tal de que suelten a Gilda, que no es otra persona en realidad que su propia hija y por quien acepta tantas humillaciones para darle educación. Gilda fue la hija de una mujer que no le importó la deformidad de Rigoletto y lo amó con toda su fuerza, sin importarle su aspecto, pero que murió en el parto. Rigoletto guarda el secreto de esta historia hasta ese día. Pretende que su hija sea feliz y un día se case con alguien importante en Mantua. Todos se sobrecogen al comprender que Gilda no es amante del deforme bufón, pero es tarde, la mujer ya está en garras del duque. En la escena siguiente sale Gilda ultrajada, descalza, señal sugestiva entonces de la deshonra. Rigoletto jura venganza y se marcha.


Tiene una idea. Ir a ver a Sparafucile, el asesino a sueldo del pueblo que atendía una oscura taberna de mala muerte. Le da la mitad de sus grandes ahorros al personaje siniestro, encarnado en un bajo grave, y viste a Gilda de hombre para que nadie la reconozca; ella debía esperarle a medianoche, hora de las brujas y asesinos, en las afueras de la taberna del criminal. Pero Gilda oye el plan. Magdalena (contralto), hermana del asesino, también amante del Duque, le pide que no lo mate, que acepte la segunda mitad del deforme y le entregue el cuerpo del primer viajante que entrara a la taberna. El Duque se encontraba durmiendo allí mismo, luego de una noche de amor con Magdalena. Sparafucile duda, pero Magdalena insiste.


Algo sale mal en el plan. Gilda, a pesar de todo, sigue creyendo en las palabras de amor del Duque y decide salvarle la vida. Cuando los sucesos se están por cumplir y el Duque ser asesinado, Gilda entra con su traje de hombre a escena. Los acontecimientos se precipitan. El asesino duda; Magdalena empuja a Gilda hacia el puñal de su hermano y cae inconconsciente. Silencio sepulcral.


Aparece Rigoletto y Sparafucile le entra un saco con un cuerpo adentro. Rigoletto le da la otra mitad del trato y se va remando, cruzando el río para alejarse de Mantua. Pero cuando se está yendo, oye el aria “La donna è mobile” en la voz del Duque y el terror se apodera de él. El saco se está moviendo y cuando lo destapa ve a su Gilda, su hija, cantar su “adìo” en los últimos estertores. Muere. Rigoletto entonces con voz desgarrada anuncia: “Ah, la maledizione”, la orquesta a plenitud da los últimos acordes y mientras el bufón cae de rodillas, cae el telón.








Datos técnicos de la obra:


Género: Ópera en tres actos


Estilo: Romanticismo musical italiano


Compositor: Giuseppe Verdi


Año: 1851


Estreno: Teatro La Fenice de Venecia, el 11 de marzo de 1851






Priemer reparto:






Duque de Mantua: Raffaele Mirate


Rigoletto: Felice Varesi


Sparafucile: Paolo Damin


Conde Monterone: Feliciano Ponz


Marullo: Francesco De Kunnerth


Borsa: Angelo Zuliani


Conde Ceprano: Andrea Bellini


Usciere: Giovanni Rizzi


Gilda: Teresa Brambilla


Giovanna: Laura Saini


Maddalena: Annetta Casaloni


Condesa Ceprano: Luigia Morselli


Page: Desconocido


Estreno en España: Teatro Real, Madrid, 18 de octubre de 1853


Libreto: Francesco Maria Piave, Basado en el drama de Victor Hugo Le roi s´amuse (1832)


Idioma: Italiano

















Letra La donna e mobile:






La donna è mobile, qual piuma al vento,


muta d'accento, e di pensiero.


Sempre un amabile, leggiadro viso,


in pianto o in riso, è menzognero.


La donna è mobile, qual piuma al vento,


muta d'accento, e di pensier


e di pensier, e di pensier.


È sempre misero, chi a lei s'affida,


chi le confida, mal cauto il core!


Pur mai non sentesi felice appieno


chi su quel seno non liba amore!


La donna è mobile, qual piùma al vento,


muta d'accento e di pensier,


e di pensier, e di pensier!









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